martes, 17 de junio de 2008

Pluie Noire

Caminando por el estrecho corredor de paredes plomizas se escuchaba el frúfrú de su vestido raído, parecían kilómetros los que arrastraban sus cabellos, no se veía el comienzo y ella quería el final de la galería, llena de anhelo en cada célula buscaba un poco de paz para sus manos en carne viva y sus muñecas hechas jirones.

En un paso gatuno y constante, iba perdiendo la noción de la realidad, y el torbellino de su mente le enredaba las pestañas en ribetes inimaginables. Iba a tientas guiándose por el leve repiqueteo que escuchaba y tarareando casi imperceptiblemente porque la quietud mortecina le helaba la sangre, su piel pálida resplandecía en esa oscuridad acogedora, donde se esconden nuestros monstruos y nuestra esencia, aguzó los ojos al vislumbrar un hilo de luz grisáceo "un poco más" se dijo, y se asustó de su propia voz, tan apagada, tan anestesiada... se abrió paso entre las sombras que trataban de arrancarle la piel, manchó de sangre las paredes y el carmesí ardió como fuego, pero ella era hielo. La tela crujió bajo sus pies y el vestido dejó ver unas rodillas gastadas de golpes, tambaleó, pero aprendió a no caer, un poco más, un poco más...

Con la fuerza que le quedaba le puso palabras a la canción de cuna que tarareaba, y el repiqueteo era atronador, la luz de la luna acentuó la blancura de su piel, y la negrura de sus ojos, quedó en el umbral titubeante por un segundo, movió el pie descalzo lleno de rasguños y sintió el frío subiendo por su cuerpo, salió al patio, que parecía recubierto por una tela gastada, de un gris gutural, y se dejó acariciar por las heladas gotas de lluvia negra, y al fin sintió, sintió algo de verdad que recorría su cuerpo entero, se sintió amada, se sintió viva, miró el cielo encapotado, y con su sonrisa ella fue la más hermosa.

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